La historia de una joven contadora que se graduó mientras servía a Colombia

Redacción: Laura Camila Pinilla- TRO Digital

Mientras muchos jóvenes recién graduados comienzan la búsqueda de su primer empleo, María Juliana Guerrero tomó un camino diferente. A los 24 años decidió incorporarse al Ejército Nacional, sin renunciar al sueño que había construido durante cinco años de estudio: convertirse en contadora pública.

Nacida en Ipiales, Nariño, estaba a punto de culminar su carrera universitaria. Solo le faltaban los últimos parciales, pero también sabía que el tiempo para cumplir otro de sus grandes anhelos se agotaba. Estaba cerca de alcanzar la edad máxima para prestar el servicio militar y debía decidir entre esperar a graduarse o dar un salto al vacío.

Ese sueño venía desde la infancia. Siempre quiso vestir el uniforme militar, aunque, siendo hija única, tomar esa decisión no era fácil. Durante un tiempo dudó, hasta que una conversación cambió el rumbo de su historia. Un amigo le comentó que el Ejército estaba incorporando mujeres. Aquella frase fue el impulso que necesitaba.

Habló con su familia, explicó su decisión y buscó el apoyo de la universidad para terminar el semestre de manera virtual. Con ese respaldo, dejó su tierra natal y viajó hasta San Vicente de Chucurí, Santander, donde inició su formación en el Batallón de Infantería No. 40 Coronel Luciano D’Elhuyar.

Comenzó entonces un desafío doble. Mientras aprendía a adaptarse a la disciplina militar, también debía cumplir con las exigencias académicas. Entre entrenamientos, formación e instrucción, encontraba momentos para conectarse a clases virtuales, presentar parciales y avanzar en los trabajos que la acercaban al título profesional.

No fue un camino sencillo. Hubo días de agotamiento, noches dedicadas al estudio y momentos en los que parecía imposible cumplir con ambas responsabilidades. Sin embargo, el respaldo de la institución y su determinación fueron fundamentales para demostrar que era posible servir al país sin abandonar sus metas personales.

Hoy, María Juliana ya es contadora pública y forma parte de la Quinta Brigada del Ejército Nacional. Desde el área de farmacia del Batallón Luciano D’Elhuyar aplica los conocimientos adquiridos en la universidad, apoyando el control de inventarios de medicamentos y comprobando que la vocación de servicio también puede convertirse en una oportunidad para crecer profesionalmente.

Su historia demuestra que el servicio militar no tiene por qué significar una pausa en los proyectos de vida. Para ella, fue todo lo contrario: una experiencia que fortaleció su carácter, le permitió desarrollar nuevas habilidades y le abrió las puertas para ejercer su profesión mientras sirve a Colombia.

Liderazgo, disciplina, trabajo en equipo, fortaleza física y mental son algunas de las capacidades que desarrollan quienes deciden asumir este reto. A ello se suman beneficios como la bonificación económica, la atención integral en salud y las oportunidades para continuar construyendo un proyecto de vida con mejores herramientas para el futuro.

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