Estas son las señales para saber si un niño está bien después de un terremoto

Un terremoto también puede generar cambios emocionales en los niños que no siempre son fáciles de identificar. Miedo, pesadillas, irritabilidad, dificultades para dormir o cambios en el comportamiento pueden ser algunas señales de que necesitan mayor acompañamiento.

De acuerdo con Luis Barragán, experto del Programa de Psicología de la Universidad Manuela Beltrán, los menores pueden tener dificultades para expresar con palabras lo que sienten después de una emergencia. Por ello, padres, profesores y cuidadores deben prestar atención a modificaciones en sus conductas habituales.

Entre las señales que pueden aparecer están las dificultades para dormir, pesadillas, miedo a quedarse solos, llanto frecuente, irritabilidad, problemas de concentración y cambios en la alimentación. También pueden presentarse comportamientos que ya habían sido superados, como mojar la cama.

Aunque estas reacciones no necesariamente significan que exista un trauma, si persisten pueden indicar que el niño requiere mayor acompañamiento.

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Los menores también pueden expresar lo que viven mediante el juego, los dibujos, conversaciones espontáneas o incluso el silencio. Por esta razón, los adultos no deberían presionarlos para hablar ni asumir que porque están jugando ya superaron lo ocurrido. Ofrecer espacios seguros y permanecer cerca de personas de confianza puede ayudarles a procesar sus emociones.

Barragán recomienda hablar con los niños de manera sincera y utilizando un lenguaje adecuado para su edad. No es necesario exponerlos constantemente a imágenes, videos o conversaciones sobre la emergencia. Lo fundamental es responder sus preguntas, escuchar sus preocupaciones y transmitirles que están acompañados y protegidos.

La situación puede ser aún más difícil cuando el terremoto ocasiona la pérdida de un familiar, un amigo, la vivienda, las pertenencias o el colegio. En estos casos, el especialista advierte que no se debe obligar a los niños a hablar ni decirles que deben ser fuertes. Cada menor puede procesar el duelo de una manera diferente y necesita un espacio para expresar sus emociones sin ser juzgados.

Otra recomendación es recuperar progresivamente las rutinas. Dormir a horarios habituales, compartir comidas, jugar, leer, conversar y retomar las actividades escolares cuando sea posible pueden ayudar a recuperar la sensación de normalidad y seguridad.

Finalmente, el experto señala que cada niño necesita un tiempo diferente para procesar una experiencia de este tipo. Algunos pueden querer hablar constantemente, mientras otros preferirán permanecer en silencio o continuar con sus actividades habituales. Por ello, padres, profesores y cuidadores deben evitar compararlos y concentrarse en identificar qué necesita cada niño para volver a sentirse seguro.

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