El cáncer en animales de compañía es una realidad médica mucho más frecuente de lo que comúnmente se cree. Al mes, un especialista en oncología veterinaria puede llegar a recibir entre 60 y 70 pacientes entre caninos y felinos, siendo los perros los más afectados por patologías tumorales.
El especialista, Felipe Chica, advierte que una de las principales problemáticas radica en el subdiagnóstico y la demora por parte de los tutores al momento de acudir a consulta. Normalizar la aparición de masas corporales, asociándolas erróneamente a simples acumulaciones de grasa, retrasa el tratamiento oportuno y permite que las neoplasias malignas se diseminen a otros órganos vitales.
Señales de alerta y el factor tiempo
Debido a que el reloj biológico de las mascotas avanza más rápido que el de los humanos, un año en la vida de un canino equivale en promedio a siete u ocho años humanos, una enfermedad no atendida progresa de forma acelerada.
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Entre los principales signos de alarma a los que se debe prestar atención se encuentran la aparición de nódulos o masas visibles en la piel, abdomen o cavidad oral, la pérdida de peso repentina y sin causa aparente, el aumento inusual en la frecuencia para orinar, cambios drásticos en el apetito o el nivel de energía.
La importancia de la medicina preventiva
No todos los tumores son perceptibles a simple vista o mediante el tacto. Por esta razón, el medico veterinario enfatiza en la necesidad de realizar exámenes de rutina periódicos, como ecografías y radiografías de control, al menos una o dos veces al año. Estas pruebas diagnósticas permiten el hallazgo de “incidentalomas”, es decir, masas que se detectan de manera temprana antes de manifestar síntomas clínicos graves.
A diferencia de lo que ocurre en medicina humana, los animales suelen tolerar de manera más favorable los tratamientos oncológicos y sus medicamentos. Sin embargo, todo protocolo médico exitoso depende de una estadificación rigurosa previa que determine el grado de invasión de la enfermedad. La detección a tiempo no solo incrementa la expectativa y calidad de vida de las mascotas, sino que evita procedimientos paliativos de alta complejidad.





