En Salazar de las Palmas, Norte de Santander, el cultivo de café es identidad, herencia campesina y motor de desarrollo rural. Entre montañas andinas y suelos fértiles, generaciones de caficultores han construido una tradición que hoy posiciona al municipio como referente agrícola en la región del Gran Santander.
Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital

Cada grano de Café Salazareño representa dedicación, conocimiento ancestral y adaptación a técnicas modernas que garantizan calidad, sostenibilidad y competitividad en mercados nacionales e internacionales.
Siembra y cuidado del cafetal en Alto de Ángulo
En veredas como Alto de Ángulo, el proceso inicia con la selección de la semilla y la siembra bajo sombra regulada. Los caficultores vigilan factores determinantes como humedad, distancia entre plantas y protección del cultivo frente a plagas o cambios climáticos.
El cafetal requiere seguimiento permanente. La combinación de experiencia heredada y buenas prácticas agrícolas permite que las plantas crezcan fuertes y produzcan cerezas rojas de alta calidad. Este equilibrio entre tradición y técnica fortalece el cultivo de café en Salazar de las Palmas como modelo sostenible.
Cosecha manual y proceso de beneficio
La recolección es manual y selectiva. Las cerezas maduras se eligen una a una, asegurando uniformidad en el grano. Posteriormente, inicia el proceso de beneficio: despulpado, lavado, fermentación controlada y secado al sol.
Cada etapa transforma la cereza en un grano limpio y brillante, listo para su comercialización. Este proceso es clave para conservar el aroma, el sabor y las características que distinguen al Café Salazareño.
El cuidado en el beneficio permite que el producto mantenga estándares de calidad exigidos por mercados especializados.
Café Salazareño: identidad y economía local
El café producido por familias de Salazar de las Palmas fortalece el tejido social del municipio. La caficultura genera empleo, promueve el arraigo rural y mantiene vivas prácticas culturales que se transmiten de generación en generación.
Más que una bebida, el café es símbolo de orgullo territorial. Cada taza resume meses de trabajo, disciplina y respeto por la montaña.
Salazar de las Palmas demuestra que el cultivo de café es cultura, historia y proyección económica para Norte de Santander y el Gran Santander.





