La radio comunitaria es un refugio
Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital

Hay un momento de la profesión en el que los periodistas entienden que la radio comunitaria es más que una frecuencia dial. Va más allá de la información y la compañía: es una herramienta de transformación social.
Para Ruth Gélvez, periodista de Radio Nacional en Colombia, ese momento llegó en la universidad. Allí, en medio de lecturas e investigaciones sobre comunicación en América Latina, descubrió que las emisoras comunitarias habían sido la única posibilidad de voz para personas que parecían inexistentes en sus propios países.
“Entendí que es una herramienta poderosísima para transformar”.
Uno de los relatos que más la marcó fue el de emisoras comunitarias en Perú. Descubrió que existían zonas donde comunidades campesinas e indígenas convivían con proyectos mineros.
En medio de tensiones sociales y violencia política, la radio se convirtió en un espacio de denuncia y alerta. Las personas se acercaban a la emisora para contar lo que estaba ocurriendo.
Colombia: la radio que acompaña el dolor
En Colombia, la radio comunitaria también ha sido puente en medio del conflicto armado. Ruth recuerda los proyectos radiales que permitían a las familias enviar mensajes a sus seres queridos secuestrados. Cartas leídas al aire y voces quebradas que atravesaban la selva:
“La gente se mueve por sensibilidad cuando escucha estas historias”.
Antes de trabajar con Radio Nacional de Colombia, pasó sus primeros años en un espacio que trabajaba con emisoras del territorio. Allí entendió que el conflicto no se vivía igual en todas partes.
No es lo mismo crecer en Bucaramanga, la capital, que en Barrancabermeja. En el centro la guerra muchas veces parece lejana, mientras que en la periferia mueve con el día de las comunidades campesinas.
La radio comunitaria, entonces, se convirtió en el lugar donde esas diferencias podían narrarse sin filtros.
Cuando una mujer campesina toma el micrófono
Ruth sonríe pensando en cómo suena al aire la voz de una mujer campesina o víctima del conflicto.
Muchos imaginarían una voz frágil, rota por la violencia. Pero cuando esas mujeres se sientan frente al micrófono, ocurre todo lo contrario: “Son muy firmes, son muy claras, son muy dicientes.”
Para ella, son personas que han perdido hijos, tierras, familias. Mujeres que han sido desplazadas para sobrevivir y sin embargo, cuando hablan, lo hacen desde la convicción.
En muchas regiones, son ellas quienes lideran procesos de memoria, redes de apoyo y defensa de derechos humanos. Mientras muchos hombres retoman la finca, el arado, el trabajo físico para sostener el hogar, las mujeres toman la palabra. Deciden contar.
No porque sean las únicas que sufrieron, sino porque entienden que narrar también es sanar y evitar que la historia se repita.
Las emisoras comunitarias, por ley y por esencia, deben abrir espacio a voces campesinas, indígenas, afrodescendientes, población Rom y víctimas del conflicto.
Abrir el espectro es un reconocimiento simbólico que marca la pauta de la historia en Colombia.
“Sostener una emisora es un acto de fe”: la voz de Camila Manrique
Para Camila Manrique, quien por muchos años lideró procesos dentro de la emisora Charalá Estéreo, sostener la radio comunitaria en provincia “es un acto de malabarismo y también de mucha fe”, afirma.
Durante más de cinco años trabajó en radio y entendió que la sostenibilidad no depende de grandes pautas de multinacionales. Depende del movimiento literal del pueblo: las ventas de la tienda en la esquina, la carnicería, los pequeños comerciantes que creen en lo local.
“Ellos son quienes apoyan la radio comunitaria”.
Hoy, además, la radio debe ser transmedia. “Si no nos movemos en redes sociales para mostrar lo que pasa en el campo, nos quedaremos mudos”.
Detrás del micrófono hay madrugadas, equipos que fallan y se arreglan con ingenio, jornadas largas que no siempre se pagan con dinero, pero sí con reconocimiento.
“Si no fuera por la radio, dígame quién ayudaría al campesino a vender sus productos, a arrendar ese local, a informarse de las reuniones y encuentros del municipio”, cuestiona.
Para Camila, la radio sigue siendo y será ese puente esencial entre comunidades, incluso en medio de los nuevos medios de comunicación.
La radio en los pueblos de la mano de Facebook
En tiempos de redes sociales, muchos podrían pensar que la radio comunitaria perdió vigencia, y la verdad es que en los territorios la dinámica informativa aún los necesita.
En veredas y municipios de la provincia, la radio sigue siendo el medio más estable. La mayoría de las familias aún tiene un radio en casa y cuando no lo tienen, escuchan las transmisiones por Facebook.
“Facebook y la emisora comunitaria trabajan de la mano”
En muchos pueblos, la gente se entera de lo que ocurre en las alcaldías por la página de la emisora. Escuchan transmisiones en vivo desde el celular. Les gusta comentar, preguntar y exigir. Es una plataforma que les permite sentirse cercanos.
La radio sigue acompañando al trabajador del campo, al comerciante del centro y a la abuela que cocina mientras escucha las noticias del pueblo.
Emisoras que sostienen territorio
A lo largo de su trayectoria, Ruth ha acompañado procesos en distintas emisoras comunitarias de Santander.
En La Brújula Radio, por ejemplo, ha sido testigo de un proyecto donde estudiantes del colegio Rafael García Herreros producen contenidos que luego salen al aire. Jóvenes que por vocación han aprendido a operar consolas, dirigir producciones y entender su rol comunitario desde pequeños.
En Mirador Estéreo, de Barichara, la radio ha servido para narrar la gentrificación de uno de los pueblos más bellos de Colombia y las tensiones por el acceso al agua en épocas de sequía.
También reconoce el trabajo de Charalá Estéreo, Ocamonte Estéreo, La Paz Estéreo y Mojana Estéreo.
A esta última le hace un reconocimiento especial porque está vinculada a procesos de memoria en el Magdalena Medio y es cercana a la Organización Femenina Popular. Cuenta con herramientas como la conservación a través de un museo y la documentación del conflicto armado en la región.
Celebrar lo que sigue vivo
En el Día Mundial de la Radio, la pregunta no es si este medio sobrevivirá. La pregunta es si aprenderemos a reconocer su vigencia.
Mientras haya una mujer campesina dispuesta a contar su historia, un joven en un colegio rural que aprende a editar en una consola o una familia que escucha su nombre al aire en medio de un saludo cordial, la radio seguirá siendo territorio.



Conoce aquí la serie que le da voz a quienes construyen el futuro del campo colombiano.





