En el sur de Santander, entre montañas templadas y valles fértiles, se levanta La Belleza, un municipio fundado en 1928 que hoy encuentra en la gulupa mucho más que un cultivo: una apuesta por el desarrollo rural, la sostenibilidad y la proyección internacional.
Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital

Este fruto exótico de sabor ácido y dulce con un aroma intenso se ha convertido en el motor económico de la región y en símbolo de identidad para cientos de familias campesinas que trabajan la tierra con disciplina, tradición e innovación.
La gulupa: el fruto que transformó la economía
La gulupa, apreciada en mercados internacionales por su calidad y frescura, ha ganado terreno como uno de los productos agrícolas más representativos del sur santandereano. Su cultivo requiere cuidado, manejo responsable del suelo y procesos rigurosos de selección.
Productores como Jorge Peña y Samuel González dedican jornadas completas a preparar la tierra, sembrar, podar y supervisar cada etapa del crecimiento del fruto. La cosecha se realiza de manera manual, garantizando que únicamente las gulupas en óptimo estado continúen el proceso hacia comercialización.
Cada racimo recolectado representa no solo un ingreso económico, sino el resultado de meses de trabajo y planificación agrícola.
De las montañas santandereanas a Europa
Tras la recolección, la fruta es trasladada a centros de acopio donde pasa por procesos de lavado, clasificación y empaque bajo estrictos estándares de calidad. Allí, profesionales del sector agroindustrial verifican que cada lote cumpla con las condiciones necesarias para exportación.
Actualmente, la gulupa cultivada en La Belleza llega a países como Alemania, Francia, Bélgica y Países Bajos, consolidando al municipio como referente de producción sostenible en el departamento.
La fruta no solo viaja como alimento, sino como embajadora del campo santandereano en mercados europeos que valoran prácticas responsables y productos de alta calidad.
Educación rural: sembrando desde las aulas
El desarrollo agrícola del municipio también se apoya en la formación de nuevas generaciones. En el Colegio Don Bosco, los estudiantes participan en proyectos de huertas escolares y reciben formación en agricultura sostenible.
La enseñanza va más allá de la técnica: promueve el respeto por la tierra, el trabajo colectivo y la permanencia en el territorio como alternativa de vida. Así, la gulupa se convierte en herramienta pedagógica y símbolo de arraigo.
Emprendimiento femenino y valor agregado
El impacto de la gulupa no termina en la exportación. En el ámbito local, emprendedoras como Leydi Marín transforman el fruto en mermeladas, postres y preparaciones artesanales que fortalecen la economía familiar y diversifican la oferta productiva del municipio.
Estas iniciativas agregan valor, generan empleo y conectan tradición con creatividad, ampliando el alcance del fruto más allá del mercado fresco.
Desarrollo territorial
La Belleza demuestra que el campo puede ser competitivo sin perder su esencia. El trabajo articulado entre productores, centros de acopio, sector educativo y emprendimientos locales ha permitido consolidar una cadena productiva que impulsa el crecimiento económico sin descuidar el entorno natural.
La gulupa no es solo un cultivo rentable: es un modelo de desarrollo rural que combina identidad campesina y visión internacional.
Hoy, el aroma de este fruto viaja a miles de kilómetros de distancia, pero su esencia permanece en las montañas del Magdalena Medio santandereano, donde cada cosecha reafirma que el progreso también se cultiva.





