En el nororiente del departamento, el limón Tahití se ha consolidado como uno de los cultivos más representativos y con mayor proyección internacional. Rionegro, el municipio que lo exporta fue fundado en 1805, y ha encontrado en este cítrico un motor de crecimiento económico.
Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital

Entre montañas fértiles y caminos llenos de historia, Rionegro y su corregimiento Llano de Palmas ofrecen las condiciones ideales para el cultivo del limón Tahití. A 800 metros sobre el nivel del mar, el clima y los suelos ricos permiten que el fruto desarrolle un sabor, aroma y textura que hoy lo posicionan en mercados internacionales.
Calidad para exportación
En la finca San Sebastián, don Libardo Ortega y su familia representan el trabajo campesino detrás del limón. Cada árbol recibe podas técnicas, riegos controlados y manejo responsable de plagas para garantizar frutos sanos y uniformes.
La cosecha se realiza de manera manual, seleccionando cada limón uno a uno para preservar su frescura. Este cuidado permite que cada caja destinada a exportación cumpla con estándares de calidad y lleve el sello del trabajo rural santandereano.
Educación rural
El impacto del cultivo no se limita a la producción. En la huerta escolar del colegio Llano de Palmas, niños y jóvenes aprenden el ciclo del limón Tahití, desde la siembra hasta su transformación.
Este proyecto pedagógico fomenta el cuidado del agua, la sostenibilidad ambiental y el sentido de pertenencia por el territorio.
De la finca a los centros de acopio, el limón Tahití conecta a productores, estudiantes y emprendedores. Su presencia impulsa el turismo rural y proyecta el nombre de Rionegro más allá de las fronteras.
Para los rionegrenses este fruto es más que un cultivo: es futuro. Su sabor viaja lejos, pero sus raíces permanecen firmes en el Campo del Gran Santander.





