La cuadra de la televisión: Memorias del quinto piso de la Calle 48

Un recorrido nostálgico e histórico por el barrio y el edificio que vieron nacer los primeros cables y las primeras alianzas del canal.

Redacción: Nayerly Garcia – Periodista TRO Digital

Especial: #TRO31Años

Treinta y un años han pasado desde el nacimiento del Canal del Gran Santander. Una historia se empezó a escribir hace 31 años, un sueño, la voz que llevaría los hechos más relevantes del Gran Santander nació: era la cuadra de la televisión, poco a poco las memorias del quinto piso de la Calle 48 comenzaron a tomar forma y a llevar a lo que hoy es el Canal TRO.

Gerente de la época Jairo Ortiz Rico (Q.E.P.D.), respecto a la primera sede del Canal TRO

Pero antes de las cámaras de alta definición, de las plataformas digitales y de las transmisiones en tiempo real, hubo un edificio y una cuadra donde todo parecía una apuesta. Allí, en el quinto piso de la Calle 48, comenzaron a tejerse las primeras historias de una señal que soñaba con darle voz al oriente colombiano.

No había estudios imponentes ni grandes recursos. Había ganas.

Y eso era suficiente.

Entre oficinas improvisadas y jornadas interminables se levantó una familia que aprendía a hacer televisión mientras la televisión regional aprendía a existir.

Fernando Cotes ha sido testigo de esa historia desde sus primeros capítulos. Más de tres décadas después, los recuerdos todavía lo acompañan.

“Todo comenzó muy artesanal. Veníamos de hacer radio, de trabajar en televisión por cable y de aprender sobre la marcha. Éramos pocos, pero había una pasión enorme por sacar adelante este sueño”, recuerda.

Imagen de archivo/Fernando Cotes junto al gerente del Canal de ese momento, Jairo Ortiz Rico (Q.E.P.D.)

Aquellos pasillos vieron nacer programas, amistades y también carreras enteras. Entre cafés, reuniones y carreras contra el tiempo, empezaron a aparecer espacios que terminarían convirtiéndose en parte de la identidad de los santandereanos.

Oriente Buenos Días, magazines, noticieros y años después Café de la Mañana fueron creciendo al mismo ritmo que el canal.

Y mientras las cámaras cambiaban, algo permanecía intacto: la pasión por contar historias.

Para Óscar Fonseca, uno de los hombres que vio crecer la pantalla regional desde sus primeros años, el Canal TRO se convirtió en algo más que un trabajo.

“Uno prácticamente creció aquí. Fueron años de aprender, de equivocarse y volver a empezar. El canal nos enseñó a hacer televisión, pero también nos regaló amigos y experiencias que se quedan para toda la vida”, afirma.

La cuadra de la televisión fue mucho más que una dirección.

Allí se celebraron logros y se superaron dificultades; se improvisaron coberturas, se construyeron sueños y se aprendió que la televisión regional podía competir con cualquiera cuando detrás había compromiso y amor por esta tierra.

Con el paso del tiempo llegaron nuevas generaciones, nuevas tecnologías y una audiencia que ya no solo enciende el televisor, sino que también consume noticias desde el celular.

Sin embargo, los pioneros coinciden en algo.

“Los medios no desaparecen, evolucionan. La radio, la televisión y lo digital tienen que convivir”, asegura Fernando Cotes, convencido de que la esencia sigue siendo la misma: contar historias.

Y quizás por eso, cuando algunos vuelven a pasar por aquella Calle 48, todavía sienten que algo permanece intacto.

Como si en cualquier momento fueran a encontrarse con un compañero de redacción, escuchar una conversación en los pasillos o sentir la adrenalina de una transmisión a punto de salir al aire.

Porque el quinto piso nunca fue solamente una oficina.

Fue el lugar donde nacieron amistades, carreras y sueños.

La cuadra de la televisión.

La misma que hace 31 años comenzó a escribir, entre cables, libretos y esperanza, una historia que hoy sigue encendiendo las pantallas del Gran Santander.

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