En Herrán, Norte de Santander, el cultivo de orellanas se ha convertido en una opción productiva para familias campesinas que buscan diversificar sus ingresos. Las condiciones de humedad, temperatura y entorno natural han permitido el desarrollo de este hongo comestible, que hoy gana espacio en mercados locales.
Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital

A diferencia de otros cultivos, las orellanas no dependen de grandes extensiones de tierra. Su producción se realiza en espacios controlados, lo que facilita su manejo y reduce el impacto ambiental.
Producción a partir de residuos agrícolas
El cultivo de orellanas en Herrán inicia con la preparación de un sustrato elaborado a partir de materiales como paja y aserrín, mezclados con nutrientes naturales. Este material es sometido a un proceso de pasteurización para eliminar contaminantes.
Sobre esta base se siembra el micelio, que es el organismo encargado de generar el hongo. Con el paso de los días, el micelio coloniza el sustrato y da inicio al proceso de formación de las orellanas.
Manejo técnico y condiciones controladas
Durante el crecimiento, los bloques de cultivo se mantienen en espacios con baja luz, humedad constante y ventilación controlada. Estas condiciones permiten que el desarrollo del hongo sea uniforme y reduzca riesgos de contaminación.
El control del ambiente es clave para garantizar la calidad del producto final, ya que cualquier variación puede afectar la producción.
Cosecha manual y aprovechamiento
La cosecha de orellanas se realiza de forma manual, retirando los racimos en su punto óptimo. Este proceso permite conservar el micelio activo, lo que facilita nuevas floraciones en el mismo sustrato.
Una vez recolectadas, las orellanas se limpian y clasifican para su venta en fresco o para procesos de transformación.
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Transformación y valor agregado
Además de su comercialización directa, en Herrán las orellanas se utilizan para la elaboración de productos como encurtidos, conservas, snacks deshidratados y preparaciones listas para cocinar.
Este tipo de transformación ha permitido generar valor agregado y abrir nuevas oportunidades de negocio para productores locales.
Una alternativa en crecimiento
El cultivo de orellanas sigue posicionándose como una alternativa viable dentro del sector rural de Norte de Santander. Su bajo impacto ambiental y su capacidad de aprovechar residuos agrícolas lo convierten en una opción atractiva para pequeños productores.
Aunque aún enfrenta retos en comercialización y acceso a mercados, este cultivo demuestra que es posible diversificar la producción agrícola con modelos sostenibles y adaptados al territorio.




