Bocadillo veleño y hoja de bijao: tradición viva en Vélez

Vélez conserva una de las tradiciones gastronómicas más emblemáticas del país. Allí, la hoja de bijao no es solo un elemento natural: es el símbolo que protege, aromatiza y da identidad al reconocido bocadillo veleño, producto que ha trascendido generaciones y fronteras.

Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital

Fundado en 1539, este municipio ha construido su historia alrededor del cultivo, la transformación artesanal de la guayaba y el respeto por prácticas heredadas que aún hoy sostienen su economía rural.

La hoja de bijao: un patrimonio cultural

La hoja de bijao cumple una función esencial en la elaboración del bocadillo veleño. Su textura, resistencia y propiedades naturales permiten conservar la humedad del dulce, mantener su aroma y protegerlo durante su almacenamiento y transporte.

El cultivo de bijao requiere conocimiento agrícola y paciencia. Productores locales preparan la tierra, siembran los hijuelos y supervisan el crecimiento de cada planta hasta que las hojas alcanzan el tamaño y la calidad adecuados. 

Las hojas que funcionan deben estar firmes y en óptimas condiciones.

Antes de utilizarse, las hojas pasan por un proceso de cocción que las vuelve flexibles y manejables, evitando que se rompan al envolver el dulce. Este paso, transmitido de generación en generación, garantiza que el producto final conserve su  sabor auténtico.

El bocadillo veleño: tradición centenaria de Santander

El bocadillo veleño nace de la cocción precisa de guayaba madura con azúcar hasta alcanzar una textura densa y uniforme. El proceso exige experiencia para lograr el punto exacto de consistencia y sabor.

En talleres y fábricas del municipio, ingenieros y artesanos trabajan de manera articulada para mantener estándares de calidad sin perder el carácter artesanal que distingue al producto. 

La mezcla caliente se extiende en moldes previamente forrados con hojas de bijao, se deja reposar y luego se corta en bloques que son nuevamente envueltos. Cada pieza representa la unión entre agricultura, técnica y cultura.

Economía rural y sustento familiar

La producción de hoja de bijao y bocadillo veleño genera empleo directo e indirecto en Vélez. Familias campesinas dependen del cultivo de guayaba y bijao, mientras que talleres y pequeñas industrias dinamizan la economía local.

Esta cadena productiva fortalece el tejido social del municipio y posiciona a Vélez como referente gastronómico del departamento de Santander.

El bocadillo no es solo un dulce típico: es una fuente de ingresos que sostiene hogares, impulsa emprendimientos y preserva prácticas agrícolas tradicionales.

Relevo generacional

La tradición también se cultiva en las aulas. En instituciones como el Colegio Rural El Guayabo, los estudiantes participan en proyectos pedagógicos donde aprenden sobre el manejo del bijao, el cultivo responsable y la preparación de recetas ancestrales como el piquete veleño.

Estas iniciativas fortalecen el sentido de pertenencia y garantizan el relevo generacional en el campo. La enseñanza no se limita a la técnica: promueve el cuidado ambiental y el respeto por el conocimiento.

Identidad que trasciende fronteras

El bocadillo veleño ha logrado reconocimiento en distintas regiones del país y continúa consolidándose como símbolo gastronómico de Santander. Sin embargo, su esencia permanece en las montañas donde nace cada hoja y cada fruto.

La hoja de bijao no solo envuelve un dulce: resguarda siglos de historia, trabajo familiar y orgullo campesino. Vélez demuestra que la tradición puede mantenerse vigente cuando se combina herencia cultural, compromiso productivo y educación.

En cada bloque de bocadillo hay territorio, memoria y dedicación. Y aunque el producto viaje lejos, su aroma y autenticidad siempre regresan a las montañas santandereanas donde la historia sigue viva.

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