En la provincia de Soto Norte, el cultivo de cúrcuma se consolida como alternativa productiva liderada por mujeres campesinas y nuevas generaciones.
Redacción: Natalia Martínez – Periodista TRO Digital


Entre montañas y caminos que durante décadas unieron arrieros y campesinos, se levanta El Playón, un municipio santandereano fundado en 1933 que hoy encuentra en la agricultura su principal motor económico.
En los últimos años, la cúrcuma se ha convertido en una apuesta de desarrollo rural que combina tradición y trabajo comunitario.
Ubicado en el norte del departamento, El Playón pasó a ser territorio de permanencia. Sus veredas reflejan la identidad de una comunidad que aprendió a trabajar el suelo con paciencia y visión de futuro.
En este entorno cálido y fértil, la cúrcuma, una raíz ancestral reconocida por sus propiedades medicinales y culinarias, ha encontrado condiciones ideales para crecer y proyectarse como alternativa productiva en Santander.
El proceso de la cúrcuma
En la vereda Labateca, familias campesinas descubrieron que este cultivo podía representar algo más que una opción. El clima, el suelo y el conocimiento tradicional se mezclan para darle a la raíz su color intenso, su aroma particular y su alto valor nutricional.
La finca Buenos Aires en cabeza de Aminta Sánchez, lidera procesos productivos que parten del saber heredado y se fortalecen con prácticas sostenibles.
La siembra comienza bajo tierra, enterrando cuidadosamente las raíces en surcos profundos. Durante aproximadamente ocho meses, el cultivo exige atención constante: control de humedad, drenajes adecuados y abonos orgánicos que protejan la salud del suelo.
Cuando las hojas amarillean, llega el momento de la cosecha. Con herramientas sencillas y manos expertas, la tierra se afloja para extraer los rizomas sin dañarlos.
Una parte se reserva como semilla para el siguiente ciclo y el resto inicia su proceso de lavado, selección y transformación. Así, la cúrcuma se integra a una dinámica agrícola circular que fortalece la autonomía productiva del territorio.
Mujeres campesinas en el Gran Santander
La cúrcuma en Santander se consolida como una alternativa productiva en municipios como El Playón, donde mujeres campesinas lideran procesos agrícolas sostenibles que fortalecen la economía rural.
El impacto del cultivo no termina en la cosecha. Gracias al trabajo asociativo de la asociación MAIACE, la cúrcuma del Playón se transforma en polvo para uso culinario y medicinal, así como en jabones artesanales que hoy llevan el sello del municipio.
Esta transformación agrega valor a la producción, dinamiza la economía local y refuerza el liderazgo femenino en el campo. Para muchas familias, la organización ha significado estabilidad, independencia económica y nuevas oportunidades para jóvenes que desean permanecer en su hogar.
Educación rural y herencia
La agricultura también se aprende desde la infancia. En la Institución Educativa de Labateca, los estudiantes participan en una huerta escolar donde siembran cúrcuma y plantas nativas. Allí se cultiva desde temprano la conciencia ambiental.
Cada semilla plantada representala herencia del conocimiento campesino. El cultivo se convierte así en herramienta pedagógica y tradición.
Una raíz que representa identidad y futuro
Para los habitantes de El Playón, la cúrcuma no es solo un producto agrícola. Es la expresión del trabajo colectivo, el liderazgo de las mujeres campesinas y la esperanza de un desarrollo rural sostenible en Santander.
Desde las veredas de este municipio la raíz dorada viaja hacia otros territorios, pero permanece firme en el territorio, recordándonos que en el campo del Gran Santander nacen grandes historias.





